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SERGIO VELA


 

DIRECTOR DE ESCENA, ACADÉMICO Y PROMOTOR ARTÍSTICO.



Perpetuum mobile de unos y otros Ante todo, agradezco la gentil invitación que recibí para redactar unas cuantas líneas en torno al admirable logro de persistencia, arraigo y renovación de Anajnu Veatem, que tras más de medio siglo continúa rindiendo frutos entrañables. No es asunto menor que una agrupación dancística surgida en el seno de la comunidad judía de México tenga como característica esencial el diálogo cultural, nutrido a partir de raíces diversas. Con base en su preciosa denominación en hebreo —“nosotros y vosotros”—, Anajnu Veatem es una muestra inequívoca de identidades complejas, tanto la judía como la mexicana; por ello mismo, su índole de puente cultural y sitio de encuentro es tan valiosa como singular. El ilustre poeta y ensayista mexicano Gabriel Zaid —una de las mentes más lúcidas de nuestro tiempo— ha dicho que la cultura es una conversación. ¡Cuánto se dicen a través de la danza, y desde lo más hondo de sus respectivas peculiaridades las comunidades judeomexicanas a sí mismas y entre sí! ¡Cuánto diálogo implica la preservación de la identidad judía en la sociedad mexicana, marcada desde su genuino surgimiento, hace quinientos años, por el más rico mestizaje! Mantengo con Anajnu Veatem un vínculo entrañable para mí desde su presentación en el Festival Internacional Cervantino, que dirigí durante casi una década, en la parte final del siglo pasado. La ocasión, ciertamente festiva, permitió que surgiera entre las principales figuras directivas y creativas de la agrupación un vínculo de amistad cálida y respeto profesional conmigo, que quiero reconocer, festejar y agradecer a la vez. Gracias a Anajnu Veatem pude conocer el Festival Aviv Carlos Halpert de Danza Judía, en el que he sido espectador y jurado en varias ocasiones. El movimiento armonioso de los cuerpos, ora individual, ora grupal; la serie de cadencias que dan cuenta de un gozo vital avasallador e irresistible; la invocación a Terpsícore desde la fe monoteísta; la proficua hibridación en México de estilos y tendencias estéticas que provienen de lares y tradiciones distantes entre sí y que hallan una feliz síntesis en el trabajo de los unos ante los otros; el equilibrio entre el pasado y el porvenir, y la tenacidad que mantiene un ímpetu de frescura y creatividad, generación tras generación a lo largo de medio siglo, permiten augurar, y no sólo desear, una larga, larguísima vida a Anajnu Veatem. Queridos amigos de Anajnu Veatem: celebro con ustedes tantas décadas de recibir la fuerza de la danza que nos conmueve aquí, allá y acullá. Al emplear el verbo “conmover”, me refiero precisamente a su significado primordial, que es “moverse con (el otro)”. Nosotros y vosotros, unos y otros, sea cual fuere el punto de partida de la perspectiva, somos movidos, de manera perpetua, por tan encomiable esfuerzo que nos permite acercarnos mutuamente e intentar dilucidar, aunque sea en cierta medida, algunos de los más inquietantes y bellos misterios de la vida. Mazel tov a Anajnu Veatem, de todo corazón.


Sergio Vela.

 

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